Erase una vez una vez, un reino de color de rosa, allí vivía una princesa de largos cabellos cobrizos, hebras de canela y chocolate, y al igual que su dulce cabello también lo era ella. Aconsejaba a todo aquel que necesitara ayuda, era amable con su pueblo, y su pueblo con ella. Era un reino que vivía feliz, un reino lleno colores, la felicidad brotaba de cada esquina, incluso los ratones daban saltos de alegría al ver a su princesa pasar por las calles.
Pero un día...
Un extraño llegó al pueblo...
Una persona que no portaba los colores de esta felicidad, era todo negro, no cantaba como las otras personas, ni sonreía, solo era una sombra con propósitos oscuros.
Las gente del pueblo al principio la ignoraron, ¿que podía hacer una simple mota negra en todo un mundo arco iris?...Craso error para aquellos confiados que se le acercaban por simple curiosidad...
Todo lo que se acercaba a la sombra perdía sus colores, su ánimo, su alma...
Poco a poco, el reino quedaba desierto, los pueblerinos evitaban a toda costa a esa cosa. El pueblo quedó desolado, de color gris, con tan solo el viento como único sonido...Y desde el centro del pueblo, la sombra contemplaba el cielo, que por alguna extraña razón tenía un tono verde, lo miraba como con melancolía...
Tras pasar los días, el reino parecía una gran mancha azabache, con un único punto de color en medio, el castillo blanco de la princesa de larga melena. La princesa tras ver esto con espanto fue a todo correr a ver que podía haber ocurrido.
La princesa buscaba entre las calles si podía encontrar alguno de sus súbditos, buscaba y buscaba y no encontraba nadie, solo veía casas cerradas a cal y canto, sin atisbo de vida...hasta que encontró al causante de todo lo acontecido, frente a ella se erguía una persona, pero alrededor suya había algo más, un aura maligna, un monstruo.
La princesa nunca había visto cosa igual, era monstruoso, una criatura que no solo era oscura como la noche sino que además provocaba una sensación terrorífica. A pesar de los inquietante y peligroso que fuera la princesa no se achantó, le preguntó si era el causante de esto...La sombra no contestó, permanecía inmóvil observándola. La princesa siguió insistiendo en su pregunta una y otra vez, pero la oscuridad parecía impasible hasta que se movió hacia ella con intención de agarrarla por el brazo, ella la esquivó y salió corriendo.
La sombra acabó atrapandola en un callejón, y fue poco a poco envolviéndola, la princesa aterrada intento zafarse pero no pudo ya que la apresaba un...brazo.
Entre toda esa oscuridad había una persona, blanca como la nieve, era un chico, con una expresión de tristeza, y dijo una palabra: Verde...
La princesa atónita ante esto no sabía como reaccionar, escapar o si era un sueño o si ya había muerto ante aquel monstruo. Él repitió y añadió: Verde...Quiero verde...
Y la oscuridad se disipó completamente...Solo quedaron en medio de ese callejón la princesa y ese chico extraño...
¿Aquel chico era el causante de todo? se preguntaba la princesa, y lo que pedía era "verde", ¿a qué se referiría? Lo único que sabía que aquel chico no transmitía esas sensaciones negativas que antes hacía en su forma oscura, ahora solo se detectaba en él debilidad, tristeza, necesitaba ayuda, y la princesa sabía que podía hacer por él. Lo llevó a un bosque cercano del reino, donde no había llegado la influencia de la sombra.
Caminaron, la princesa guiaba al chico de la mano, que curioseaba con la mirada todo a su alrededor. Llegaron a un claro en medio de los árboles, se pararon y la princesa dijo: Aquí tienes lo que pedías, todo el verde del mundo se concentra en este bosque, que da vida a todo su alrededor y...
Antes de que la princesa pudiera seguir hablando, el chico empezó a temblar desenfrenádamente, combulsionaba, y de su cuerpo salía una mancha negruzca, chorreante, por todos sus poros, hasta que paró y se desplomó en el suelo...
La princesa acudió a él rápidamente, pero antes de que pudiera acercarsele lo suficiente este abrió los ojos y de todo su cuerpo explosionó una nube de colores, toda una gama de verdes que incluso revitalizó aún más al bosque de su alrededor.
Ante ella se ejercía un poderoso hechicero, de cabellos verdes, complexión fuerte, alto, y con expresión decidida, pero aún conservaba los ojos que la princesa vió en el chico que fue antes, ojos de mirada profunda e intensos.
La princesa anonadada no le quitó la mirada y el hechicero, que aún presentaba los rasgos de juventud se le acercó, dándole un delicado beso en su mano y le dijo con delicado tono:
Gracias princesa por haberme liberado de la maldición que me tenía embaucado, no controlaba mis actos y solo hacía sufrir a los de mi alrededor, me siento muy apenado por ello, así que enmendaré todo lo que hecho.
A esto el mago empezó a levitar, cogió a la princesa de improvisto, está aún impresionada por todo lo que estaba pasando, debería ser un sueño, este para tranquilizarla le sonrió, y llegaron al castillo del reino, subieron y subieron hasta el más alto torreón, donde vivía la princesa, el hechicero la dejó allí y continuó su marcha hasta la cúspide, desde allí podía contemplar todo el reino, gris y oscuro.
El hechicero con unas cuantas palabras y unos movimientos de su báculo fue haciendo brotar flores y plantas por todo el reino, estas a su vez rociaban con colores todos los rincones del lugar. Poco a poco todo fue adquiriendo su antiguo color, la población volvía a salir a las calles, con ánimos de festejo incluso.
La princesa no sabía como darle las gracias al hechicero, había recuperado el color, su vida, el alma del reino. El mago modesto acepto y dispuesto a irse, la princesa le detuvo, esta la besó para su impresión, y le rogó que no se fuera, era la primera vez que conocía a alguien así, quería quedarse con él en su mundo multicolor.
Él en un principio se negó, no podía aceptar aunque fuera de su gusto ya que le dijo que la maldición que había disipado solo era temporal, la sombra volvería y no se sabría cuando.
La princesa se negó a aceptar eso como excusa, no le importaba que la oscuridad volviera, ahora sabía como volver a disiparla de su corazón...
Y desde entonces el reino vivió un periodo de estaciones de colores cambiantes, los dos primeros llamados Primavera y Verano se rezumaba color y alegría por doquier, era cuando el hechicero y su princesa paseaban por el reino, regalando solidaridad y amor a sus queridos pueblerinos; cuando se acercaban los dos últimos periodos, denominados Otoño e Invierno, es cuando la sombra volvía pero no causaba los antiguos estragos, el hechicero remediaba esto escondiéndose en el bosque, donde su influencia oscura no llegaría a los terrenos del reino.
Así el proceso se repetía año tras año, unos con mayor intensidad por parte de los periodos "vivos" y otros más por los "muertos", pero se mantuvo un equilibrio donde todos pudieron vivir en paz y las dos personas que comenzaron y terminan esta historia pueden amarse y cultivar una de los sentimientos más poderosos de todos y que es capaz de disipar las mareas de la inquietud, el amor...








